ANÁLISIS CRÍTICO
ECONOMÍA CIVIL DESDE UNA ÉTICA DE LA RAZÓN CORDIAL
Debido a muchos de los problemas que enfrenta nuestra sociedad hoy en día, se han presentado modelos económicos alternativos que brinden aportaciones y orientaciones desde un punto de vista ético-crítico.
Desde el punto de vista Antonio Genovesi en el siglo XVIII presenta una propuesta civil de economía desarrollada, para la cual posteriormente Bruni y Zamagni la retoman y realizan otras aportaciones importantes. Así mismo se resalta la ética de la razón cordial presentada y desarrollada por Adela Cortina.
Desde el punto de vista de economía civil el bien común y la relacionalidad juegan un papel importante, por no decir que es el fundamento básico. Lo que la economía civil pretende lograr es dar respuesta a las necesidades de la sociedad del momento, cuyo desarrollo permita una sociedad más justa y feliz.
A lo largo de este estudio se hace notorio que ninguna de nuestras acciones puede ser concebida desde el punto de vista individualista, es decir pretendiendo un logro particular, ya que las personas precisamos de los demás para poder subsistir y alcanzar nuestras metas, especialmente aquellas que se relacionan con la búsqueda de una vida mejor.
Genovesi nos da a entender que es fundamental reflexionar sobre la dimensión relacional del ser humano y de los mecanismos implicados en su desarrollo, en donde cobra especial relevancia tanto la actividad económica como la ciencia que la estudia, una ciencia que “por parte contribuye a poblar, enriquecer, a civilizar la nación, puede llamarse Economía Civil”.
El comercio brinda los espacios de desarrollo interpersonal, en busca de la satisfacción de las necesidades, en este aspecto es obligatorio una buena relación con quien se entra en interacción, para lo cual se “fomenta la paz y la libertad entre personas, sociedades y naciones” (Genovesi, 785a: 5, 57, 1785b: 8, 18-19).
Genovesi también nos muestra el bien común como el criterio de validez moral que le permite justificar y dar sentido a toda la actividad económica. En este aspecto la economía civil se muestra como apropiada para comerciar, siempre y cuando el principal interés de la actividad sea el bien de la comunidad.
La reciprocidad es un término que Genovesi resalta mucho, al verse como una característica básica que permite el establecimiento de ciertas relaciones genuinas implicadas en la felicidad de la sociedad y en sus individuos.
Lo que podemos notar es que la economía civil está siendo reconsiderada por algunos teóricos actuales, mirándose como alternativa al modelo económico preponderante, que basado en el individualismo axiológico y la maximización del beneficio particular, no se muestra con capacidad de lograr satisfacer las expectativas e intereses en juego, tanto a nivel económico, como social y humano.
Para economistas como Bruno y Zamagni, la solución para los problemas de la sociedad actual, pasa por crear un orden social que este a la altura de las exigencias y retos de la nueva sociedad del siglo XXI, y eso requiere de la coexistencia de tres principios básicos: eficiencia, equidad y reciprocidad que produzcan tres tipos de bienes para el buen funcionamiento de la sociedad, de los Estados y de las economías de mercado: bienes privados, bienes de justicia y bienes relacionales (Bruni y Zamagni, 2007).
Retomando el concepto de reciprocidad se enmarca en que su fin es la relación misma, el valor del vínculo, mostrando que solo mediante relaciones de carácter reciproco es posible atender la creación y desarrollo de los bienes implicados en el logro de una vida buena y en el buen funcionamiento de las sociedades y los mercados (Bruni y Zamagni, 2007: 157).
Posteriormente se resalta que la reciprocidad transitiva desarrollada por Zamagni, que ve el sentimiento de gratuidad que emerge del don recíproco el mecanismo que hace posible establecer vínculos entre personas, quedaría enmarcado dentro del primer punto de vista descrito por Cortina, donde expone que como no existe nada previo que posibilite la relacionalidad entre agentes, es necesario introducir un elemento externo que genere las condiciones para ello, el cual se expresa en forma de contrato o de don según el caso.
En la lectura se expone que al atribuir el vínculo entre personas únicamente a la gratuidad, el enfoque parece estar sugiriendo que es la funcionalidad autorrealizativa del otro y no su dignidad lo que se encuentra detrás de la justificación de la reciprocidad, poniendo este punto en cuestión. Se hace alusión a que la funcionalidad del otro no puede ser la justificación de las relaciones recíprocas, sino de que ese otro tiene valor y no precio.
Luego resaltando los argumentos de Cortina en Ética mínima (1992: 270), del pensamiento aristotélico subyace el pensamiento de la vida buena y vida feliz, son cosas parecidas, o al menos, relacionadas, puesto que es feliz quién vive de acuerdo con las virtudes civiles, con aquellas excelencias humanas que permiten perfeccionar el carácter para poder mantener las relaciones de calidad que están implicadas directamente con su autorrealización. Se resalta en esta parte que vive bien, y por tanto es feliz, aquella persona que se rige por la razón prudencial; es decir quien se apoya en esta para poder discernir, qué es el bien común y qué mecanismos son los más adecuados para el logro de aquello que más le conviene a la comunidad, y es capaz de actuar en consecuencia.
Según se resalta en el texto hay relación entre la economía civil y la propuesta de Ética de máximos de Adela Cortina, que ante todo es pública y civil y no estatal y privada.
Para concluir se muestra que partiendo de la ética cívica publica, la economía civil puede acceder a la propuesta de ética cordial que ha desarrollado Cortina. Se muestra a la ética de la razón cordial que se sustenta sobre un reconocimiento cordial basado no solo en lo justo y no solo en la simpatía por el otro, sin en ambos momentos (Cortina, 2007ª, 2007b, 2010), puede ser un punto de partida para lograr acercar el enfoque de la economía civil al post-convencionalismo exigido por, como dice Cortina, una sociedad madura, una sociedad moralmente plural capaz de general expectativas que sobrepasen los límites de la propia comunidad y se adentren en el terreno de la universalidad.
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